18 jun 2014

Con p de pasado.


Yo solo tenía veinte años, recién cumplidos, recién hechos, recién salida del horno, tibia y de tacto fácil, como el del pan comprado a primera hora de la mañana, como el de los folios de fotocopiadora en invierno, más cotidiano y ordinario que la seda pero también más excitante, volátil e inalcanzable. 

Cuando nada era igual. Cuando entre que nos despedíamos y volvíamos a aparecer, uno en frente del otro, veías otros pies paseando por el borde de tu cama y otras manos reposando sobre tu almohada, aunque, nada era igual, o eso decías. Cuando esperabas que llegara el fin de semana, por si te llamaba y me autoinvitaba... a desayunar. Tostadas con queso crema y el último sorbo de la última de tus cervezas. Sin café. Para poder dormir... hasta tarde. Hasta que la luz cegadora que entraba por tu ventana te abría los ojos y te avisaba de que pronto sería tarde y de que era hora de (volver a) salir y de que yo saliera de allí porque al fin y al cabo yo ya me había ido.




Yo solo tenía veinte años cuando te enamoraste de mis manos 
y descubriste el secreto de los pies descalzos
... y perdiste la cabeza.

24 may 2014

Una de falsa moral (III)



- Pues yo creo que es muy guapa. Incluso diría que es la más guapa del lugar. 

- Claro que crees que es la más guapa.

Porque es la persona que más se ajusta a tu prototipo de chica perfecta, aunque tú critiques sus caderas y porque ella, precisamente, de eso no se queja (lo que la hace más bella); se ajusta tanto que tú intentas, sin darte cuenta, casi de forma automática, ajustarte a ella. 
Y te cae muy bien... Pero no la conoces más allá del cruce de sonrisas en el vano de esa puerta.
Y es muy buena persona... Pero no has compartido con ella ni una sola situación que te permita afirmarlo.

Pero sí, hay personas así, en las películas de Hollywood, en "Mean Girls", en las producciones independientes y en la vida real.
Y la verdad es que no podemos hacer nada contra ello, tampoco creo que haga falta hacerlo, es más, creo que en muchos aspectos estaríamos bastante desorientados (más) sin personas con un carácter impregnado, bañado, aderezado, aunque sea salpicado de un poco de liderazgo, cuyos actos desencadenen un impulso en las actuaciones de otro; pero también creo necesario tener un criterio propio, por lo menos, un par de veces en la vida.
Y alguien me acaba de dar la excusa perfecta para reivindicarlo.

No sé por qué, pero la forma de vestir siempre ha tenido un sentido no poco importante en mi vida. No me refiero a las marcas o a la clasificación que puede derivar de la ropa que lleves o dejes de llevar encima, me refiero sobre todo a ese “toque especial”, a ese punto que hace reconocible tu forma de decidir, elegir y combinar, tu visión de qué combina con qué, de qué te parece que abriga y qué no, de qué lana te pica y qué lana no, tu historia y tus historias. 
De hecho, ésta es una de las razones por las que llego tarde a las citas, porque no siempre encuentro algo acorde a lo que quiero expresar con lo que esté cómoda a la vez, que se ajuste a mí y que cumpla mis exigencias; y no siempre lo tengo claro. Pero esa no es la cuestión. La cuestión era y es el criterio propio. Y tú, que me haces cuestionar tus palabras disfrazadas de bondad.

Así que... 
Diría yo que dices que es la más guapa, la más simpática y la más buena persona del lugar, para justificarte, para justificar el no ser capaz de reconocer lo que realmente piensas y sientes. No te preocupes, poca gente lo hace, ni siquiera yo, por eso escribo esto y no te lo digo, aunque sé que sabes lo que pienso cuando te miro y te sonrojas (autocensurándote una vez más) porque eres consciente de que me he dado cuenta de algo que te daría “reparo” asumir delante de mí. Y de que ahora llevas una copia de sus zapatos. Esos zapatos que no te habrías atrevido a llevar hace menos de seis meses pero que, como ella los lleva, ahora tú también, y te parecen cómodos y versátiles, muy casual, muy sport, que le dan a tu estilismo diario de collar de perlas y pendientes de “ositos” un toque desenfadado, pero que "como son negros se ven más elegantes". 

Y ya no te atreves a mirar con ojos de escepticismo a quien los lleva, como antes, cuando decías que esos zapatos eran de gente con poco estilo, poco dinero, poco criterio, esa gente rebelde que se queja por todo y no ayuda en nada. Ella también lo pensaba, pero ha cambiado de idea, no sabes por qué, ni te importa, porque en realidad nunca te has interesado por el trasfondo de las cosas que te rodean y si ella lleva esos zapatos tú también los llevas, no ibas a ser menos. Aunque hace unos cuantos meses hubieras dicho que eran feísimos y que tú nunca llevas ni llevarías esos zapatos ni esa ropa, porque no es tu estilo, porque no va contigo y porque nunca le dirías a la persona a la que se los viste por primera vez y se los criticaste internamente que te gustan sus zapatos, que es "lo más del lugar". 

Tú, tan naíf, naive, tan naf naf, prada y tous. 
Tú, que me gustabas más cuando decías que jamás irías a un festival de música para vivir en una tienda de campaña, cuando traías tus conjuntos impecables pensados por ti y de casa, cuando bebías "tinto de verano" sin perder la elegancia, cuando era imposible confundirte con un visitante asiduo al pub de moda y de turno. Cuando eras más tú que otra.
[...]

A lo mejor estoy equivocada y es que estás encontrando tu estilo y tus gustos. A lo mejor es que estás confeccionando tus historias. A lo mejor. No lo sé...




La moda siempre me resultó un arma de doble filo; reversible.

13 may 2014

Yo nunca



   






     
       Y donde dije: yo nunca he tenido que enfrentarme a algo así.
        Quise decir: yo nunca he querido enfrentarme a algo así.



10 may 2014

Lo efímero de ti que derramó belleza sobre mí

Venga, vamos, sonríe otra vez.
Eso. Sí... Oh. No. No... No pares. Tranquilo. No te miro (fingiré que). Pero sonríe otra vez. 
Eso, así...

No sé si te habrás dado cuenta, seguro que sí. Pero tus gestos le tienen declarada una especie de guerra de evidencias a tus pensamientos y te delatan más allá de sus propias intenciones, incluso (o quizás sobre todo) más allá de tu propio conocimiento.

Sonríe otra vez, que no me lo quiero perder.Ver cómo tu mente lucha con tu cuerpo para mantener el equilibrio (y eso que esa boca no ha bebido de esa otra), en una posición, en una postura, en un guión a penas determinado pero al que “hay que ceñirse”. Ver cómo tu cuerpo gana, al menos durante un pequeño intervalo de tiempo; entonces, lo que sea que estés pensando y que no dices, sale, es expulsado, de dentro hacia fuera como todo aquello de lo que el cuerpo se desprende y despide cuando está un poco harto de contenerse, cuando está extasiado, extenuado, cuando él solo, sin consulta previa, decide que ya es suficiente, cuando sucumbe, cuando se deja llevar, cuando más que electrificarse, se electrocuta y después solo es capaz de ser y es... simple, llano, natural. De tu boca a mis ojos, de mis ojos a mi memoria, de mi memoria a mi imaginación y desde allí pierdo la noción del verdadero recorrido, pero pasa por aquí y se queda plasmada en un papel ficticio (y) en mis palabras.

Indecisa pero bonita, pausada, lenta, pensativa, vacilante, resignada al silencio y finalmente segura de lo que quiere decir y lo dice con descaro y (me) enseña los dientes.

Venga, vamos, sonríe otra vez. Que yo sé que tú sabes.


Pero, no fijes así tu mirada en mis ojos.

27 abr 2014

Abandono, sillón, luces, sombras y acción.


Siempre había creído que cada persona deja su marca, su sello, su toque especial en todo lo que hace. Aquí una pequeña muestra. Un mismo día, un mismo lugar y dos puntos de vista distintos.

Ellos, dos fotógrafos que habitualmente se dedican a los reportajes de boda, Cristina Ruíz y Michael Pieter. Y esta vez, delante del objetivo, yo, participando en un diálogo que trasciende a lo verbal impregnado de gestos, miradas, luces y sombras que cada uno recibe y plasma de una forma única e inevitablemente personal.



   
         Más de Michael...      


Y es que una foto nunca será la misma aunque esté hecha desde el mismo ángulo, con la misma perspectiva, la misma cámara, la misma luz, la misma modelo, el mismo objetivo, el mismo objeto, al menos, no si se hace de una forma sincera. Creo que ésto es lo que hace de la fotografía un arte, una herramienta, una profesión, una afición, un elemento, en definitiva, un campo tan interesante, amplio y atractivo y que de alguna u otra forma está cada vez más presente en nuestro día a día.




**
Muchas gracias a  Cristina y a Michael por hacer de una tarde cualquiera de abril un día para recordar. 
Y por contar conmigo.

20 mar 2014

Goodbye. Good night





Me he enamorado... Y es una tragedia. Y es real.




12 mar 2014

Borderland.


Mírate, pero mírate bien. 
Porque no hay nada más revelador que la autocontemplación. 
Porque así vienes... decidido, porque nadie tomará la decisión por ti; firme, porque a algo hay que agarrarse, porque ese “dame un punto de apoyo y yo (te) moveré el mundo” no se sostiene en el aire.
A poner límites a un ser, por una presunta astro-naturaleza, desbocado. Y está bien.
Me importa, me molesta, me fastidia, me enturbia la vista, pero sé que está bien.
Porque no es posible concederle todos los privilegios a alguien que solo busca jugar contigo, que solo quiere tus esfuerzos, que solo quiere ver cómo le tiendes una alfombra roja y de suave terciopelo por donde camina, que no hace más que ponerte, sin vergüenza y descaradamente, a prueba; piensas. Y está bien. Por supervivencia, la tuya, la mía, la de ellas y la de ellos, está bien.

Entiendo que, llegado el momento, uno no puede retroceder.
Entiendo que, llegado el momento, se vuelve naturalmente necesario protegerse ante la tempestad, ante la adversidad, ante un sentimiento que no se va, ante una pieza importante y afilada del engranaje que se quiere reparar pero que se niega a ser reparada (quizás, ni siquiera lo necesita).
Entiendo que, llegado el momento, uno quiera reivindicarse en uno mismo porque, al final, es eso, uno mismo, lo único que nos queda. Que se sienta una necesidad de mostrarse y demostrarse fuerte porque, joder, si no me cuido te adueñas de lo que soy. Que el cuerpo reaccione ante una amenaza tan grande como es un sentimiento tan fuerte, tan fuerte que te vuelve un completo desconocido.





      


                              
                                      y afilada
                    

14 feb 2014

Adolescencia...

... qué bonita eres y cuánto me gustas.




Aquí en el autobús, vuelta a casa, vuelta de esquina, vuelta del conductor, vuelta la vista hacia atrás.

Acabo de cruzarme con un conocido del instituto, hemos cogido rumbos distintos aunque a un destino, a priori, parecido. Repaso el examen, ya hecho, pero lo repaso, yo soy así, “el mundo al revés” como dice mi padre y para no dejarlo en evidencia, a mi padre, a veces, acabo por el principio, solo para no dejarlo en evidencia. Y repaso el examen hecho... mmm, bueno, el resultado del ejercicio de la empresa ha disminuido respecto al año anterior, probablemente porque ha disminuido la cifra de negocios, probablemente porque no vende, probablemente porque sus proveedores no quieren proveerle, probablemente porque sus clientes no quieren pagarle, probablemente su beneficio se ha visto reducido porque ha tenido que pagar impuestos, probablemente porque tener una empresa no es fácil. Probablemente porque estamos entrenados para interpretar datos pero no para obtenerlos, de los datos a la realidad sí, pero de la realidad a los datos no...
Al final parece que sí estoy aprendiendo algo, aunque yo, probablemente, me sienta más vacía que cuando empecé.

Pero, ¿Y la convivencia? ¿Y las personas? ¿Y la riqueza interior, el relacionarse, la empatía, el ser sociable? No sé si por haberme cruzado con alguien con quien compartí momentos hace más de seis años, o porque esta noche he soñado con otra época, o porque al salir del aula me he encontrado con alguien que me cae bien pero que no conozco bien y que parecía no tener un buen día, o porque de fondo escuchaba a gente hablar, comentarse entre ellos sus vidas y lo que harían para celebrar lo sea que fuese para ellos digno de celebrar y realmente no me apetecía nada unirme. ¿Qué me iban a aportar? ¿Qué iba a aportarles yo? ¿Se interesan por lo que les cuentan o lo que realmente sucede es que cada uno busca que los demás se interesen por lo que cuenta? A mí, muchas veces me da la impresión más de lo segundo que de lo primero.

Y me doy cuenta de que mi grado de incompatibilidad con la gente con la que he compartido clases, aulas, profesores y exámenes en los últimos años es bastante elevado. Y ni siquiera tiene que ver con gustos, apetencias o aficiones, es sencillamente sentirte a gusto, estar cómoda con y en.

Y hago un repaso rápido, comparo y obtengo un pensamiento que me lleva a la adolescencia y esa relación amor odio que todos hemos tenido alguna vez con ella y que algunos mantenemos viva, porque nos alegra y nos enriquece o porque somos unos nostálgicos de mucho cuidado.

Ser adolescente fue, es, tan complicado y tan maravilloso a la vez porque … probablemente, no esté revelando ningún secreto... porque es esa etapa en la que aprendes, podría decirse que es la etapa en la que obtienes los conocimientos básicos y fundamentales para desenvolverte en las relaciones, en el mundo, en la sociedad. Está claro que no todos aprendemos lo mismo, ni aprendemos igual y por eso (me parece que) es crucial y definitivo.
La adolescencia, esa etapa en la que aprendes sobre lo que es “la persona”, tú como persona, tú en un grupo de personas, los demás y cada uno como persona, los demás en grupos de personas. Y todo eso mientras transcurre tu formación académica. Yo, personalmente, entre otras muchas cosas, en el instituto aprendí que pasar de llorar a reír con demasiada facilidad denota poca sinceridad (con los demás o contigo mismo), me lo enseñó mi profesora de Música; aprendí que cuando no encuentras una respuesta es posible que sea porque no has formulado bien la pregunta, me lo enseñó mi profesor de Filosofía; aprendí que la inteligencia está para usarla, me lo enseñó mi otra profesora de Filosofía; aprendí que no encajar no es signo para alarmase, me lo demostró mi profesor de Lengua y Literatura; aprendí que conformarse no es la solución, me apuntó mi profesor de Matemáticas; conocí la amistad, aprendí a elegir, empecé a encontrarle sentido a eso de “conocerse a uno mismo”... Crecí.
[...]

Hay días en los que yo me levanto justo cuando tengo que estar saliendo de casa, no me maquillo, no me peino, llego tarde a un examen, me siento en la fila equivocada y no me apetece absolutamente nada escuchar por escuchar, hablar por hablar, hacer por hacer, decir por decir, días en los que me siento inadaptada y no me importa. Espero que eso no me convierta en una horrible persona, porque precisamente hoy me siento guapa.









Y echo la mirada hacia atrás.
Y empiezo a andar.

11 ene 2014

De lo inevitable a lo irrepetible.

No se volverá a repetir. Es así.

Porque a veces se siente como si ya hubiera demasiada mierda entre nosotros y hubiera una irremediable distancia que nos separa y que yo no veo porque posiblemente (que no probablemente) mi mierda me nubla la vista y casi me cubre los ojos. Porque a veces, se sienten en mi terreno tus armas y en el tuyo las mías, pese a que nadie las ha disparado, pese a que ninguno ha declarado la guerra al otro.

Pero me invade la nostalgia, sí me invade, se mete en mi casa, lo retira todo y se pega a las paredes e impregna el ambiente solo de lo que ella quiere y cambia las letras de lo que leo y las notas de escucho. 
Y entonces, siento, sí siento, porque casi lo vivo de nuevo, “como si hubiera sido ayer”, como si estuviera siendo ahora, como si fuera un momento, un acontecimiento constante en su espacio, su lugar y su tiempo, que no empieza, no acaba, que no dejará de ser. Nuestro espacio, nuestro lugar y nuestro tiempo. Que más que un recuerdo, se me antoja a lo que fuimos y lo que de alguna manera somos, mientras todo lo demás cambia.

Y ahí están, tu calor, tus brazos, tus manos, tu pelvis, tus piernas marcando el tempo, el tiempo y haciéndote joven, tus pies llenándose de historias, tu barbilla en mi sien.

Y ahí estás tan cerca como puedes. Como en un arrebato, como si hubieras sido expulsado de un círculo de fuerza centrífuga humanamente concentrada, como si te hubieran empujado, como si te hubieras empujado. De cerca, de repente y por sorpresa. En ese momento que era solo tuyo y terminó siendo solo nuestro.

Y ahí estamos, pisando el césped húmedo, llenándonos de polvo y de barro los zapatos, hasta las rodillas. De rodillas, sentados, en cuclillas, yo sobre tus hombros, tú sobre mis pechos, con las manos extendidas, cerradas, sueltas, juntas; tumbados en el césped, en el polvo, en el barro, en la tierra, en el asfalto, en la arena, sin dejar de ser lo que no sabíamos que estábamos siendo... Irrepetibles.

Y ahí nos veo, paseando cerca de la playa y atravesando puentes en la madrugada. 
Porque aún te asombras de lo que puedo llegar a contarte si me invitas a algo dulce y me besas. Porque aún me llevas de la mano y me ayudas a saltar obstáculos entrando automáticamente en el juego en el que yo soy la reina y tú el caballero. Porque aún se mantiene el orden en casa por las mañanas y nadie cambia de sitio tu cuadro preferido. Porque aún vienes conmigo y me acompañas, que no es lo mismo. Y el postre sigue siendo la expresión gráfica de nosotros mismos consumidos antes de la siesta y consumados.

Porque aún... (te va a sorprender)... nos veo en el pequeño paseo que dimos por Cartagena de Indias entre risas.

Irrepetibles, aunque (y porque) siempre nos supimos inevitables. Y también, constantes.




Que aquí  la nostalgia siempre vendrá con su ademán de “a la mierda con todo”
 y sus ínfulas de realidad   



                    Y ahí estás...       


▷ Θ

2 ene 2014

Justificaciones aparte.


-Usted ha repetido varias veces la palabra "cosa" -dijo Gregorovius-. No es elegante pero en cambio muestra muy bien lo que le pasa a Horacio. Una víctima de la cosidad, es evidente.

-¿Qué es la cosidad? -dijo la Maga.

-La cosidad es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo. Lamento usar un lenguaje abstracto y casi alegórico, pero quiero decir que Oliveira es patológicamente sensible a la imposición de lo que lo rodea, del mundo en que se vive, de lo que le ha tocado en suerte, para decirlo amablemente. En una palabra, le revienta la circunstancia. Más brevemente, le duele el mundo. [...]

Rayuela 
(fuente inagotable)







Entre enero y todas sus promesas 

14 dic 2013

Como "belleza encerrada"


Miras de reojo, como quien se va sin querer irse. Como quien recuerda algo que se le ha olvidado. Como quien se siente exiliado, como agua que emana y fluye sin sentido a través de la pendiente de su propia tierra y se va colando en cada grieta, cada grieta que va dejando humedecida. Como la lágrima que se cuela en la boca porque se da cuenta de que no quiere caer ni secarse en el olvido.
Miras de reojo porque es lo que haces antes de tomar una decisión importante... y antes de sonreír(me).


Museo del Prado

17 nov 2013

Frío

En los huesos.


There's someone in my head but it's not me.


3 oct 2013

Octubre con O de Otoño


Mientras uno de mis hemisferios hace apología del otoño...





Yo me agarro a los recuerdos de tu hemisferio derecho, diestro y también siniestro, profundo, aparte, muy aparte; lejos, como tú dices.

26 ago 2013

Origen


- ¿Cómo te llamas?
- Génesis
- ¡Oh! Como el primer libro de la Biblia
- No. Me llamo Génesis porque...



Yo... era una niña tan autosuficiente, tan autosuficiente que un día les di a mis padres la explicación del por qué de mi nombre... Les pareció bien. Y así se quedó la historia. Y menos mal.

- Me llamo Génesis porque significa origen, principio, creación; pero, sobre todo, me llamo Génesis porque para mis padres fui y soy el principio de algo nuevo, casi el principio de todo. (Y no, no "Todo lo es").

Me gustaba ser esa niña que no se quedaba con lo fácil ni se conformaba con una historia hecha, predeterminada; escrita y con final, un final aunque incierto escrito también.




Madrid, un atardecer post tormenta, a finales de Agosto del 2013




"Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían la faz del abismo [...]"
Génesis 1:2

22 ago 2013

Las no demostraciones y el reverso de las ecuaciones.

"Pero acertar es como desandar lo andado para demostrar dónde se ha estado"

Sí.
Y yo quería volver donde había estado una y otra vez. Quería volver, asimismo, una y otra vez.

¿Qué intentas demostrar?... Daba igual... la demostración daba igual si la solución a la que me llevaba su tipicidad era igual a, más menos (+-), ese resultado estúpido, asfixiante, (des)integrado, retroalimentado. Daba igual, quería volver una vez más, quería volver todas las veces.

Porque no sabía, porque no sé, dónde está el límite, la derivada, el histograma acumulado perfecto, la proporción, la ecuación final no resuelta; ni siquiera sabía dónde estaba el problema.

Quería volver. Porque ése era el único lugar fuera de mí en el que me sentía menos extraña, menos excluída, menos intrusa, menos rival, menos competencia, menos opuesta, menos inversa. Ése, ése y no otro, era mi chaise longue al lado, justo a su lado, de la ventana de mi escurridiza comodidad; y quería recuperarla.
No podía acabarse, no hoy, ni mañana; y quería recuperarla.

Conduce. Me mira por el espejo y me ve ausente. Se enfada. 
Aparca. Se baja. Da un portazo. Camina. Anda. Desanda lo andado.
Sube las escaleras. Abre. Cierra. Me ofrece algo. De beber. 
Por si tengo sed, por si me falta el aliento para decirle qué... 
Por si necesito saliva para escupirle tres verdades a la "cara". 
No, gracias. 

No dice nada. Pero se descubre en mis pupilas dilatadas. 
Y me quita la ropa. Una, dos, tres... Lo sabe. Lo sé. 
[...]
Me lleva. Me voy. Me quedo.



Y luego, sola otra vez, sin demostraciones y en el reverso de sus ecuaciones.

30 abr 2013

"No se engañe, Ana"


Va a sonar a “patriotismo”, pero, yo soy de Ecuador... 
Y llevo viviendo en España media vida (además, literalmente).

Empiezo así porque esa circunstancia, esa condición, me está haciendo tomar conciencia de algo que ignoraba, que no podía ver, que no me hicieron ver o que no quería ver porque estaba demasiado ocupada en otros asuntos, desentendiéndome de algo que me tocaba de (cada vez más) cerca.

En los últimos días, he escuchado un par de entrevistas hechas al actual Presidente de Ecuador, Rafael Correa, e independientemente de su ideología política y de las medidas que toma en el país, su conocimiento pero sobre todo la exposición de los mismos, a mi modo de ver, una exposición clara, realista y aplicada, me ha llevado a ver un par de matices, de aspectos, de una forma un poco más crítica, pero sobre todo analítica. Aunque he de decir que ya me advirtieron de ello (ellos saben quiénes son, él sabe quién es).

Por un lado, he caído (caído, así, coloquialmente y porque casi he dicho "auch") en la transformación que ha sufrido ese originario fin último de los estudios de Economía. No me había percatado, a pesar de haberlo estudiado, de que éstos nacieron con una finalidad social que ha terminado convertida en algo muy diferente, casi contradictorio; se ha convertido en un estudio puramente técnico, estadístico, estratégico, empresarial. Quizá, no me había dado cuenta porque, pese a una breve introducción del componente social de la Economía vista y no vista en mi primer año de carrera, en la práctica, prima un componente bien distante del bienestar de la sociedad en general.
Pero en fin, yo no soy economista, diría que todo lo contrario, soy casi la expresión gráfica de esa sociedad sometida al pensamiento empresarial cuyo objetivo primero y último está en la maximización del beneficio (por algo estoy estudiando Administración y Dirección de Empresas). Sometida sin consentimiento ni consulta. Porque, si bien es cierto que con casi dieciocho años supuestamente yo estaba perfectamente capacitada como para elegir mi futuro, a día de hoy, creo que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, a pesar de que elegí lo que elegí porque quería ir más allá y empaparme, entusiasmarme, enterarme (já) de las bases de aquel tinglado que mueve la sociedad, pero he acabado en un estado de sometimiento sin remedio, como las Leyes a la Constitución Española (sí, también estudio Derecho, otra rama no menos digna de cuestionar). Y a pesar de esa sensación de descontento y desilusión, a veces (no sé cómo) me digo que si lo elegí, por muy degradados que estén los principios sociales, económicos, políticos y jurídicos, fue porque tuve mis motivos y me obligo a acabar (espero).

Y digo “pese a”, “a pesar de” porque darte cuenta de algo de lo que te habría gustado darte cuenta en el momento de tomar una decisión y no unos cuantos años después, pesa; el tiempo pesa, pese a que nuestro paso por él, históricamente, parezca tan insignificante.


Por otro lado, y lo que más me ha removido las ideas y lo que me ha llevado a escribir esto es esa noción que tiene el Presidente de la realidad de las personas que hace algo más de una década salieron de Ecuador, salimos de Ecuador, en busca, ya no de un futuro mejor, sino de un presente aceptable. Digo noción, porque a pocos dirigentes he oído hablar de los ciudadanos del país en cuestión con una implicación y un conocimiento de causa tal que de repente hace que vuelvas a la realidad y te sientas identificado con lo que está diciendo y no con la imagen de lo que está ofreciendo.

Recuerdo, de la última entrevista que he visto y escuchado, que le preguntaban sobre la crisis actual en Europa y más concretamente sobre el azote que está recibiendo España. Él contesta con un ejemplo muy claro, la situación de Latinoamérica, más concretamente de Ecuador hace unos cuantos años. Que parece mentira, pero en cuanto cambiamos de escenario se nos olvidan las causas y las consecuencias. Se refería a esa situación que nos hizo huir a millones de ecuatorianos, insostenible en casi todos los aspectos y en la que quedarse era, muy probablemente, lo más arriesgado, una situación que dejó familias enteras rotas, un país vacío casi muerto, con una deuda externa desorbitada aún por pagar, con una pirámide de población de todo menos piramidal, desequilibrada y en forma de reloj de arena.

Se quedaban en el país los abuelos con sus nietos, toda la población que no fuera sinónimo de mano de obra productiva, cualificada o no, eso daba igual; o aquellos jóvenes a los que sus padres querían proteger, sin exponerlos a un cambio brusco en un momento crítico de sus vidas, sí, me refiero a los adolescentes, siempre tan controvertidos.

Digo controvertidos porque es bien sabido que dentro del ciclo de vida de todo ser humano, siempre se ha supuesto, se ha puesto, la adolescencia como una etapa crítica, de dolores de cabeza para padres, de problemas para todos. Pero los adolescentes hijos de padres emigrantes, sobrinos de tíos emigrantes, vecinos de vecinos emigrantes o enamorados de niñas populares emigrantes, tenían un añadido que dio lugar a que muchos de ellos tuvieran que enfrentarse a un cambio desesperado de actitud, saltarse una etapa de problemas que dar, para hacerse cargo de ellos mismos y por si fuera poco, en ocasiones, para hacerse cargo también de sus hermanos pequeños. Si eras adolescente y conseguías ese cambio, bien, genial, eras el mejor hijo del mundo. Si no lo conseguías... Terminabas formando parte de una generación de jóvenes que no querían estudiar ni trabajar porque sus padres les facilitaban todo lo material, que no querían madurar porque no le veían sentido a ese vacío emocional no admitido, que estaba desenvolviéndose en la delincuencia callejera y/o alguna de sus otras variantes, o que estaba “metido” en algún movimiento, pandilla, grupo “de mal ver”, en un grupo de satánicos o en uno de rock socialmente satanizado en una cultura tan de ritmos latinos alegres o que estaba metido en su propia burbuja aislante y lo que me parece pasar el límite de lo catastrófico y que pocas personas se atreven a tratar abiertamente es que muchos de esos adolescentes terminaron optando por el suicidio. Casi nada.
Me leo, leo “suicidio” y me da la impresión de que estoy exagerando aquella situación, pero es cierto. Nada más allá de la realidad, fue crítico así como es crítica la situación de la España actual, con los suicidios de las personas que se han quedado sin nada de lo que tuvieron o pudieron tener, ni casa, ni comida, ni vestido, ni trabajo, ni hijos porque éstos se fueron en busca de un futuro mejor, sin vida.

Más adelante, con un poco de “suerte”, después de unos años (a ser posible y por el bien de todos, pocos), en los que nuestros padres trabajarían mucho y bien para pagar la deuda que dejaban en Ecuador o el país que fuera; hacerse cargo de los gastos de la familia que dejaban en su país de origen, a menudo, sin más ingresos que las remesas recibidas a fin de mes, además de hacerse cargo de sus propios gastos; lograrían ahorrar para poder volver a su país o traer/llevar a sus hijos, padres y/o hermanos con ellos y proporcionarles un "futuro mejor".

Y digo “suerte” entre comillas, y es a este punto al que quería llegar, porque los jóvenes que de niños emigramos a un país que nos proporcionaría más posibilidades y oportunidades que nuestro país de origen, una vez en nuestro país de destino, tras unos pocos años de bonanza, junto a todos los demás jóvenes hijos inmigrantes o no, vimos esfumarse esas posibilidades y oportunidades porque resulta que en ese país destino pasamos a formar parte de otro tipo de generación, no menos desgraciada, la llamada “generación perdida”...

A mí me da risa, de verdad, no porque sea gracioso sino porque tengo la, a veces odiosa, tendencia a reírme en/de las situaciones que darían ganas llorar a cualquiera.
Será el mecanismo de defensa que desarrollamos la “generación potencialmente problemática” del Tercer Mundo que puso un pie fuera para perderlo en la "generación del miedo" del Primero.

Pero, ya en serio... ¿Tan descarrilados crecimos y tan perdidos estamos? Esto no puede ser verdad.


Dos de las entrevistas: http://www.youtube.com/watch?v=MZx_kq4yfBE , http://www.youtube.com/watch?v=LhaVe17gABQ 



Quito y su neblina capital


28 abr 2013

18:26


Con amor.
Para ti, tú que tanto sabes.
De mí, yo que tanto quise saber para poder ser todo eso que nunca fue.



Que nunca será esa chica de tez blanca casi translúcida de cabello largo liso negro intenso, cejas perfectamente remarcadas y sombra de ojos en degradé a juego. Que nunca llevará los suficientes tatuajes como para incitarte a besarle cada trazo y cada tramo de piel, que nunca tendrá las suficientes medias negras listas para rasgar, romper y mojar, que nunca será lo suficientemente valiente como para suspenderse en el aire por unos minutos de gloria hedonista, que nunca será capaz de llevar tacones de aguja por la noche y zapatillas de skater por el día; con tabla y a lo loco. Que nunca sabrá tanto de música como para entretenerte un día entero, ni sabrá sorprenderte un día cualquiera con un grupo cualquiera "post-loquesea" de música cualquiera pero que te enamore como sea. Que no sabrá someterte sin que tú la sometas antes a ella. 

Que ni escribe, ni canta, ni dibuja, ni baila, ni hace fotos, ni salta, ni hace deporte, ni es activista, ni es pacifista, ni cree, ni teje; ni es modelo, ni se mueve a tu antojo, ni pinta, ni maquilla, ni produce, ni dirige, ni toca, ni ensaya; ni se ha independizado, ni trabaja; ni es actriz porno de tus retinas para adentro, ni prestidigitadora de corazón para afuera. Que ni cocina ni se fija en si los alimentos que se está comiendo sufrieron mucho o sufrieron poco antes de estar en el plato. Que ni sobresale en lo que hace, ni sobreentiende en lo que deja de hacer. Un grano de arena en ese “no past land” de nadie. Que no sabe qué hacer para compensarte tanta mierda en esta sociedad perdida en crisis de todos. Con tantos vacíos por integrar. Que de tanto tobillo y muñeca atados al infinito, a veces, limita con una difusa línea, la más digna del universo de Gödel. Que ni viaja, ni busca, ni encuentra, ni duerme (pero te sueña, constantemente). Que no tiene perro ni gato, ni te muestra poemas de poetas muertos, ni te lleva a sitios innolvidables, ni es una cinéfila oculta de mucho cuidado, ni sabe manejar sus palabras con cuidado, ni es amable con sus “contactos”, ni habla inglés nivel usuario. 

Yo, que siempre me ofendí con tus “eres preciosa” y tus alegorías pro mujer perfecta por el mero hecho de serlo. Que pongo en tus manos la llave de la ventana de tus deseos. Que no dejo de echarte de menos ni siquiera cuando pienso que ya no quiero. Que me voy, cada vez que veo que no puede ser como te gustaría que fuera. Que lluevo hacia adentro excepto las noches que no te veo, que veo que no.
La sonrisa que te idealizó, te conoció, te tocó y te vio real, pero te volvió a idealizar.

Yo, que no tengo ni puta idea de cómo deshacerme de mis complejos, ni de cómo ver el virtuosismo de mis defectos. Tan absurda, tan desierta. Tan sentida y tan incapaz de explicarte que...

Pero con amor.

18 abr 2013

Des-ayunar-té


Después de años sin verte, se me ocurre tanto que decirte, pero, peligrosamente, no te digo nada.
Y te traigo mi corazón en una taza de café, sin leche, sin azúcar, sin agua; solo, granulado casi hecho polvo.
Y en los altavoces casi a volumen de auriculares suena un "no puedo más" y una réplica en segunda voz "no puedo más contigo" y, en mi cabeza, una corrección: conmigo.

No. No me ofrezcas cereales. No los quiero. No los podré digerir. Hoy no.
Ofréceme tus males, tus extravagancias, tus huellas dactilares en espejos de ascensor; ofréceme esas galletas de la suerte para remojar en leche y chuparte los dedos (los sesos), aunque sea la única comida de nuestros días, aunque en esos días no amanezca; no sería la primera vez.


"Mi peligro constante"

1 abr 2013

Trescientos bocados para cuatrocientos invitados


Ella, que nació con el aspecto frágil de las niñas valientes y fuertes.
La sonrisa dulce... 
Los ojos grandes, de un negro profundo, de un profundo silencio, de un silencio de esos, de los que albergan una mirada inusitadamente limpia, la mirada que te paraliza en cuanto te captura, y que, finalmente, te deja destellos de nostalgia, sin saber cómo ni por qué, como si de pronto te informara de que ese brillo es infinitamente inalcanzable. Sobre todo brillante.
La voz, ni aguda ni grave, ni estridente ni molesta, ni fuerte ni suave, ni siquiera dulce, tan solo amable. Demasiado amable.

Ella y su cuasi-celestial belleza, la de los cuerpos que, en teoría, necesitan nueve pero nos demuestran que para ellos con ocho es sobradamente suficiente, que rompen el tiempo, aceleran el proceso, giran sobre sí y sobreviven a, con y en, una estrecha cintura. Caótica, compleja, desordenable y ordenada.

Ella, que sobrevive todos los días al menos una vez después de cada comida, que se despide constantemente de alguien, levantando sospechas, pronosticando el futuro, ensalzando el pasado, enlazando estados, pero nunca dice por qué, ni con quién; "total, ¿para qué?". Ella que (se) va afirmando esperanzas, limando asperezas, reafirmándose en la constancia de su imagen de adolescente "perfecta", que más que dar problemas se los soluciona a cualquiera. Sobresaliente.

Mi princesa del drama. Tú, que apuntabas maneras sin haber leído a Julio Cortázar. Tú, que te empeñas en madurar a pasos ligeros y agigantados. Tómate tu tiempo y abofetéanos con incoherencias. 

Que nadie te quite lo que te corresponde...
... mucho menos lo que sueñas.


Y que no te cumplan a ti.

10 mar 2013

El riesgo, el beneficio de la duda.


Inocencias aparte.
Así transcurrimos por un estrecho camino que nos conduciría a las peticiones de carne abierta, cruda, violenta. Nos deshicimos en halagos, en besos, en las complicaciones de las combinaciones del sexo con amor para, finalmente, redundar en destrucción; revolcarse... someterse, dices.

Pues bien, allá vamos y aquí seguimos en la estrechez de la incertidumbre y el deseo creciente.
No sé cómo lo ves, pero sé que te sabes de pies a cabeza el mapa de mis precipitaciones, elevaciones, hundimientos, llanuras, mis reacciones y mis pulsiones. Sabes dónde estás y desde qué punto observar. Sabes que si tocas aquí yo termino así y que si dices no, por ende, yo te diré que sí. Y que si dices que no...
No sé cómo lo ves, pero ya lo verás quizás no tan claro como tan cerca.

Que sonamos a amenaza, a orden, a forcejeo, a acción-reacción, a manzana mecánica, a Newton pellizcando a Galileo, a relatividad recién hecha, a frustración post mortem.
Que olemos al almizcle aquel de junio de dos mil once.

Que lo dejamos para más tarde.



Digo "no sé" y te debo un euro que no pagaré,
porque, en cualquier caso, ya sabrás tú por mí.